PURIQ VOL. 2 (3). SET. - DIC. 2020
ISSN IMPRESO: 2664-4029
ISSN VIRTUAL: 2707-3602
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https://doi.org/10.37073/puriq.2.3.85
Enfoque antitético del ocio
Antithetical approach to leisure
Luis Alberto Bretoneche Gutiérrez
Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú
labguni@gmail.com
Recibido: 15.04.2020 Aprobado: 18.05.2020
Resumen
A través de este texto se podrán apreciar opiniones antitéticas del término
ocio o sus equivalentes que tienen implicancias en el conocimiento, la vida cotidiana,
la ciencia y la losofía. Los dos sentidos que ha tenido el término ocio a través del
tiempo son el negativo y el positivo. Se presenta resumidamente, por un lado, el sentido
negativo que le dan las personas comunes, Hesíodo, Séneca, Michel de Montaigne,
Francis Bacon, Immanuel Kant y Frederick W. Taylor, mientras que, por otra parte,
se podrá estimar el sentido positivo del concepto en Platón, Aristóteles y Cicerón.
Abstract
Through this text, you can see antithetical opinions of the term leisure or its
equivalents that have implications in knowledge, daily life, science and philosophy.
The two senses that the term leisure has had over time are the negative and the
positive. It is summarized, on the one hand, the negative sense given by ordinary
people, Hesiod, Seneca, Michel de Montaigne, Francis Bacon, Immanuel Kant and
Frederick W. Taylor, while, on the other hand, you can estimate the positive sense of
the concept in Plato, Aristotle and Cicero.
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Términos básicos:
Haraganeo.
Holgazanería.
Ocio.
Introducción
En este artículo se presentan los signicados positivos y negativos que ha
tenido el término ocio a través del tiempo y en palabras de diferentes autores, con
la nalidad de mostrar la relación antitética del concepto. Este examen y reexión
se realizará sabiendo que existen, por lo menos, dos sentidos de este término que
aparecen tanto en Immanuel Kant como en Frederick Engels. La primera tarea que
se presenta es aclarar el uso del término antitético. Por ejemplo, Kant (1984) ar
que: “Si tética es todo conjunto de doctrinas dogmáticas, entiendo por antitética,
no las armaciones dogmáticas de lo opuesto, sino el conicto de conocimientos
al parecer dogmáticos sin que uno tenga más derecho que otro a ser aplaudido” (p.
321), mientras que Engels (1971) sostuvo lo siguiente: “Asimismo, nos encontramos,
observando las cosas detenidamente, con que los dos polos de una antítesis, el positivo
y el negativo, son tan inseparables como antitéticos el uno del otro y que, pese a todo
su antagonismo, se penetran recíprocamente…” (p. 48).
Interpretando las deniciones tan divergentes de estos dos lósofos, se puede
observar que para el primer pensador el término antitético expresa, además de las
armaciones distintas de los dogmáticos, un conicto de conocimientos de igual valor
que el expresado por los dogmáticos y que, por ende, tiene que ser considerado como
una crítica de la razón misma o, dicho de otro modo, un uso libre de la razón: “… la
antitética no se ocupa de armaciones unilaterales, sino se considera conocimientos
universales de la razón en su conicto y en las causas de ese conicto” (Kant, 1984,
p. 321); mientras que, para el segundo pensador, la palabra antitético expresa una
relación ontológica distinta a la relación gnoseológica expresada por Kant, esta
relación de unidad de los opuestos se ve marcada por los valores positivos y negativos
que se encuentra intrínsecamente en los objetos, cosas o entes, y, además, en los
hechos o sucesos de naturaleza material o espiritual; es decir, lo antitético expresa una
relación de aceptación y rechazo de la realidad tanto simple como compleja, en la cual
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las diferencias se penetran o conviven entre sí. A pesar de estas diferencias, las dos
concepciones de antitético no se oponen en el uso que se hace del término en este
texto, por ende, desde esta perspectiva, se va a iniciar un estudio y reexión sobre el
sentido negativo del término ocio para luego pasar al enfoque positivo.
Según el Diccionario latino-español español-latino (1958), el sustantivo neutro
latino otĭum (ocio, descanso, paz, tranquilidad, sosiego y consagrado al estudio) deriva
del adjetivo otiōsus que tiene también muchas traducciones: “ocioso, desocupado;
libre de los asuntos públicos; neutral, indiferente; tranquilo, apacible; pausado; inútil y
superuo” (p. 286). Estos signicados castellanos de la lengua latina envuelven, como
se pueden apreciar, la relación antitética del término, ya que se pueden percibir en los
signicados tanto la valoración positiva como la negativa, es decir, los dos sentidos,
aunque hay un mayor número de valoraciones negativas. Esta relación es la que, tal vez,
haya inuido o generado que, en la actualidad, el signicado peyorativo del término
ocio sea el más conocido, notorio o empleado, en otras palabras, este sería el sentido
común del término. Además, se puede observar que esta opinión vulgar tenga una
mayor carga en el imaginario colectivo de la gente, motivo por el cual viene siendo
utilizado por el común denominador de las personas desde tiempos antiguos. Por
ende, es frecuente oír a las personas adultas amonestar como ociosos a los jóvenes y
niños por su poca o nula dedicación al trabajo o estudio. Los calicativos que surgen
en esta situación son los de vago, perezoso u ocioso. A partir de esta perspectiva es
que en este trabajo se comienza explorando, en primer lugar, el enfoque peyorativo o
negativo que ha tenido el término en cuestión.
Concepción negativa del término ocio
El concepto de ocio como sinónimo de holgazanería, ojera o tedio ha sido
siempre motivo de recriminación incluso en la antigüedad griega, un ejemplo de esta
armación se obseren Hesíodo (2000): “Por los trabajos se hacen los hombres
ricos en ganado y opulentos, y si trabajas te apreciarán mucho más los Inmortales
[y los mortales; pues aborrecen en gran manera a los holgazanes]” (p. 81). Este vate
griego continuó con sus observaciones acerca del valor positivo del trabajo sobre
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la inoperancia del ocio: “El trabajo no es ninguna deshonra; la inactividad es una
deshonra. Si trabajas pronto te tendrá envidia el indolente al hacerte rico. La valía y la
estimación van unidas al dinero” (Hesíodo, p. 81).
Con respecto a lo mencionado, se puede percibir que en el lenguaje de
Hesíodo se presenta el antagonismo de dos conceptos: el ocioso u holgazán frente al
trabajador u hombre exitoso en la vida. La actitud del primero sólo le trae deshonra
y repudio; mientras que, para el segundo, su modo de actuar trae honor y riqueza, es
decir, es una persona virtuosa. En consecuencia, se puede interpretar que, para este
autor, el trabajo no sólo traería dinero, riquezas o reconocimiento, sino también, areté
o virtud; mientras que, el ocio sería todo lo opuesto.
Se puede incluir en esta concepción negativa del término ocio a la tradición
losóca de la lengua latina, donde se puede prestar atención especial a la posición de
Séneca (2005) cuando armó que:
El tiempo que tenemos no es corto; pero, perdiendo mucho de él, hacemos lo
que sea, y la vida es sucientemente larga para ejecutar en ella cosas grandes, si
la empleáramos bien. Pero al que se le pasa en ocio y en placeres, y no la ocupa
en loables ejercicios, cuando le llega el último trance, conocemos que se le fue,
sin que él haya entendido que caminaba. (p. 19)
Aunque se puede poner atención a las palabras de Séneca, respecto a la
relación que existe entre tiempo y ocio, donde este último término en cuestión sólo
sería hacer un mal uso del tiempo o desperdiciarlo; es decir, se percibe que el autor
asocia esta actitud a llevar una vida dada a los placeres que se pueden calicar como
mundanos. Luego va a señalar que la consecuencia natural de esta pérdida de tiempo
es la torpeza:
¿Para qué nos quejamos de la naturaleza, pues ella se hubo con nosotros
benignamente? Larga es la vida, si la sabemos aprovechar. A uno detiene la
insaciable avaricia; a otro, la cuidadosa diligencia de inútiles trabajos; uno se
entrega al vino, otro con la ociosidad la entorpece… (Séneca 2005, p. 20)
Finalmente, este lósofo romano culmina con una reexión y asociación negativa de
ideas donde se distancia la relación entre ocio y ocioso llevando in extremo el término
ocioso hacia una posición negativa, asociándolo a nociones como enfermedad, andar
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medio vivo o, peor aún, andar muerto por el mundo:
Éste, pues, no se debe llamar ocioso; otro nombre se le debe poner: enfermo
está, o, por mejor decir, muerto. Ocioso es el que conoce su ocio; pero el que
para entender sus acciones corporales necesita de quien se las advierta éste
solamente es medio vivo. (Séneca 2005, p. 41)
Luego de los comentarios breves y los resúmenes dados a las citas presentadas,
se puede sintetizar que, para Séneca, el ocioso tiene valoraciones que colindan con
los aspectos negativos de la existencia humana, las cuales se pueden caracterizar o
relacionar como perdedor del tiempo, de temperamento o naturaleza concupiscible,
de andar torpe, enfermo y hasta de muerto por el mundo, entre otros. Todos estos
calicativos llevan a la reexión que no es bueno ser ocioso, es decir, tener la tendencia
a practicar el ocio: Por otro lado, se deduce que lo bueno es todo lo contrario: ser
laborioso, ejercitarse, es decir, no ocioso. Aunque es necesario resaltar que en Séneca,
calicado como partidario de la concepción negativa de ocio u ocioso, se puede
percibir un empleo antitético del término cuando expresa la distinción entre ocioso y
hombre enfermo o muerto, claro que esta aclaración es interpretada como metafórica
en este artículo.
De la misma opinión que Hesíodo y Séneca es la posición de Michel de
Montaigne (1898) cuando en su ensayo De la ociosidad arma que el ocio o no hacer
nada nos lleva a una conducta desordenada: “… así acontece con los espíritus; si no se
los ocupa en labor determinada que los sujete y contraiga se lanzan desordenadamente
en el vago campo de las fantasías” (p. 21). Para este lósofo francés, la ociosidad
implica, además de la conducta señalada, no tener un proyecto de vida y andar por el
mundo desubicado: “El alma se pierde cuando no tiene un n establecido, pues como
suele decirse, estar en todas partes no es encontrarse en ninguna” (Montaigne, p. 21).
La posición de este pensador francés es totalmente crítica ante las nociones de ocio y
ociosidad, la cual lleva por sí sola a conducirse con actitudes negativas y por senderos
obscuros:
Cuando el caballo escapa solo, toma cien veces más carrera que cuando el jinete
lo conduce; mi espíritu ocioso engendra tantas quimeras, tantos monstruos
fantásticos, sin darse tregua ni reposo, sin orden ni concierto, que para
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poder contemplar á [sic] mi gusto la ineptitud y singularidad de los mismos,
he comenzado á [sic] ponerlos por escrito, esperando con el tiempo que se
avergüence al contemplar imaginaciones tales. (Montaigne, 1898, pp. 21 y 22)
En pocas palabras, para Michael de Montaigne, el ocioso tiene un espíritu o alma
fantasiosa, vaga, desubicada e inepta, entre otras características, y, en consecuencia,
no es recomendable practicar esta conducta. Se puede observar, también, que esta
crítica al ocio se da en el plano del empleo intelectual del tiempo.
Continuando con lo ilustrado, tanto para los que manejen una posición u otra
con respecto al concepto en reexión, se puede apreciar que este término aparece
con un sentido totalmente peyorativo que es utilizado para denostar las actividades
que desde una perspectiva es considerada inútil o poco productiva. Un ejemplo de
este sentido, son las palabras de Francis Bacon. Este lósofo inglés señaló en primer
lugar que las ciencias de su tiempo vienen de los griegos y se caracteriza por versar
sobre la enseñanza y las discusiones o discursos. Luego sostuvo que la sabiduría de
los griegos estaba dividida en dos bandos: los que cobraban por enseñar –es evidente
que aquí hace alusión a los sostas– y los que no cobraban –es decir, los aletheicos–.
Por último, señaló que a pesar de sus diferencias, toda esa sabiduría o ciencia tenía
algo en común, era una actividad de ociosos: “… de suerte que se pudo aplicar a todas
esas doctrinas, el epigrama bastante justo de Denys referente a Platón: ‘todo eso son
discursos de viejos ociosos a jóvenes sin experiencia’…” (Bacon 1984, p. 63). Lo
que sostiene aquí Bacon es interesante, ya que aseverar que tanto sostas y los otros,
es decir, los lósofos, los aletheicos, los buscadores de la verdad, los sabios, etc.,
tienen en común practicar una actividad que denomina de ociosos; pero muchos en
el mundo griego practicaban esta actividad, entonces surge la interrogante aquí: ¿esto
era positivo o negativo? Parece que la intención de Bacon es señalar un rasgo negativo
de esta actividad ya que, como se sabe, Bacon va a tomar una actitud demarcacionista
contra toda la losofía anterior y, en especial, la losofía de la naturaleza, al sostener
su teoría de los idola y su método de las tres tablas. Empero, a pesar de su intención
donde aparenta denostar, brota en Bacon una posición antitética frente al término en
cuestión, pero antitética desde el rasgo y predominio negativo.
Siguiendo con la visión negativa, se puede armar que la palabra pereza aparece
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en Immanuel Kant como una concepción negativa, es decir, cuando está ligada a la
concepción de la minoría de edad, donde el hombre no asume responsabilidades
como la de pensar por mismo: “Pereza y cobardía son las causas merced a las
cuales tantos hombres continúan siendo con gusto menores de edad durante toda su
vida” (Kant 2013, p. 87). Esta crítica a la pereza vuelve a aparecer en el tercer ejemplo
de deber que pone cuando elabora sus cuatro dilemas morales: “Pero se pregunta
si su máxima de dejar sin cultivo sus dotes naturales se compadece, no sólo con su
tendencia a la pereza, sino también con eso que se llama deber” (Kant 1980, p. 75).
Aquí se puede observar que el autor utiliza pereza como antítesis del deber para luego
señalar la negatividad de esta acción cuando indica que: “aunque el hombre –como
hace el habitante del mar del Sur– deje que se enmohezcan sus talentos y entregue su
vida a la ociosidad, al regocijo y a la reproducción; en una palabra, al goce” (Kant, p.
75). Al respecto, se puede observar que la pereza u ociosidad son actitudes que pone
en cuestión la moralidad del hombre, es decir, contrario al deber que postula el autor.
Esta posición negativa del término ocio es reforzada cuando en el libro Crítica de la
razón pura, el autor aborda el tema de la verdad y aparece una concepción de ocio
ligada a la actividad cognoscitiva, pero esta relación se da dentro de la esfera negativa
del término:
Saber lo que racionalmente puede pedirse es por sí solo prueba harto evidente
de cordura y de talento; porque si la prueba es absurda en y requiere
respuestas ociosas, no sólo deshonra al que la hace, sino que a veces produce el
inconveniente de precipitar en el absurdo al que sin pensar responde y dar de
esta suerte el triste espectáculo de dos personas que, como decían los antiguos,
ordeña la una al chivo mientras que la otra pone debajo la criba. (Kant, 1984,
p. 135)
Y, para terminar con esta posición negativa, se puede señalar que aunque
no se menciona directamente el término ocio, se hace mención de palabras y frases
de similar signicado cuando Frederick W. Taylor trabaja las características de la
administración cientíca. Aquí se señala, por ejemplo, que el trabajo lento del obrero
es uno de los peores males:
Trabajar menos de lo posible, es decir, trabajar lentamente con todo propósito
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de manera que no se llegue a hacer todo el trabajo correspondiente a una
jornada (…) es algo casi universal en los establecimientos fabriles, e impera
también en gran parte en los ocios de la construcción… (Taylor, 1975, p. 22)
Hasta donde se puede observar, el trabajo lento afecta la producción y, por
ende, es mal visto en el sistema administrativo y empresarial, en consecuencia, el
autor pretende terminar con este tipo trabajo: “La eliminación del bajo rendimiento
y de las diversas causas que deciden el trabajo lento rebajaría tanto el costo de la
producción que nuestros mercados,…, se ampliarían muchísimo… y podríamos
competir en condiciones más que iguales con nuestros rivales” (Taylor, 1975, p. 23).
Luego, en su afán de buscar la máxima prosperidad, tanto para el patrón como para el
obrero, señalará que las causas de este trabajo lento son la mentira de los trabajadores,
los defectuosos sistemas de administración y los métodos inecientes. Esta situación
se podrá superar con la administración cientíca, sin embargo, cuando hace este
análisis, el autor señalará que trabajo lento o bajo rendimiento del trabajador es igual
a haraganeo: “Este haraganeo o ‘bajo rendimiento’ tiene su origen en dos causas”
(Taylor, p. 26). Calicará a la primera causa como “poco rendimiento natural” (Taylor,
p. 26), y en la segunda causa como “bajo rendimiento sistémico” (Taylor, p. 26).
Este haraganeo natural o sistémico que pretende superar este autor lo tratará
más adelante con el nombre de pereza: “la pereza natural del hombre es algo serio,
pero el mayor mal de que padecen tanto los trabajadores como los patronos es el
bajo rendimiento sistémico” (Taylor, 1975, p. 28). Este haraganeo es el que pretende
superar con sus principios de la administración cientíca: “cabe suprimir en gran
parte tanto la holgazanería natural como el bajo rendimiento sistémico de trabajo”
(Taylor, p. 28).
Reexionando sobre lo expuesto por Frederick W. Taylor, se puede armar que
el trabajo o rendimiento lento, que se expresa en una modalidad natural o sistémica,
es asociada también a las nociones de haraganeo, pereza u holgazanería, los cuales, a
su vez, se les puede ligar al concepto de ocio. Este ocio no mencionado que pretende
eliminar el autor con la aplicación de los preceptos de una administración cientíca.
Sin embargo, aquí hay que hacer una acotación, el autor tiene una posición negativa
del concepto que se revisa y que en sus dos modalidades afecta la productividad de
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una empresa, los cuales pretenderá superar con procedimientos cientícos.
Sobre la posición negativa del término ocio y tomando en cuenta todas las
opiniones autorizadas que se han descrito y que parecen similares unas a otras, a pesar
de pertenecer a diferentes épocas y contextos, las cuales son repetidas como si fueran
un eco a través de los tiempos cuando las personas comunes y corrientes arman
u opinan: “El ocio es la madre de todos los vicios”, es necesario preguntarse: ¿Es
cierto esto? Parece que muchos están de acuerdo, pero en la actividad losóca existe
también una visión diferente y totalmente opuesta al sentido común y negativo del
término ocio y de los signicados semejantes.
Concepción positiva del término ocio
En el quehacer losóco hay una percepción muy original acerca de la utili-
dad del ocio o solaz. Esta posición se va a analizar aquí a través de las armaciones
de Platón, Aristóteles y Cicerón.
Cuando Platón analizó en Critias la situación en la cual vivían los antiguos
pobladores de la mítica Atlántida arque la producción de medios de subsistencia
de una comunidad trae como consecuencia el descuido de otras actividades: “Dada la
escasez de subsistencias para el sostenimiento de la vida… para nada se cuidaron de
los sucesos que en otro tiempo se habían realizado” (Platón 1965, p. 957). Luego de
esta observación, el lósofo de los hombros anchos sostendrá que el ocio es la madre
de muchas cosas positivas para la sociedad y cultura humana:
El estudio y la historia de las cosas antiguas se introdujeron con el ocio en las
ciudades, cuando cierto número de ciudadanos, teniendo aseguradas las cosas
necesarias para la vida, no tuvieron después que preocuparse desde este punto
de vista. (Platón 1965, p. 957)
Por consiguiente, se puede resumir aquí que para Platón, por lo menos en el
texto mencionado, el ocio citadino no tiene un sentido negativo sino un valor positi-
vo. Se analiza aquí que este ocio nace después del trabajo, es decir, después de que el
hombre resuelve la producción de sus medios de subsistencia.
De la misma opinión de Platón es, también, Aristóteles cuando sostuvo que el
ocio es la partera de las ciencias, ojo, no dijo que la losofía es la madre de las ciencias,
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sino el ocio o solaz:
De ahí que una vez constituidas todas las técnicas, se descubrieron las ciencias
que no tienen por objeto ni el placer ni la necesidad. Se originaron, en primer
lugar, en los países donde los hombres gozaban de ocio. Por esta razón las
matemáticas nacieron en Egipto, porque en ese país le fue concedido el ocio a
la clase sacerdotal. (Aristóteles, 1986, p. 93)
Estas mismas armaciones sobre el ocio son traducidas al castellano de
forma muy similar en una edición trilingüe, las cuales no cambiaron el sentido de la
traducción anterior:
De aquí que, constituidas todas estas artes, fueron descubiertas las ciencias
que no se ordenan al placer ni a lo necesario; y lo fueron primero donde primero tu-
vieron que vagar los hombres. Por eso las artes matemáticas nacieron en Egipto, pues
allí disfrutaba de ocio la clase sacerdotal. (Aristóteles 1987, p. 9)
En consecuencia, se interpreta que Aristóteles, al igual que Platón, piensa que
el ocio o solaz aparece cuando la sociedad o el Estado han resuelto sus problemas de
producción de los medios de subsistencia. Florece, además, en el sector dirigente de la
sociedad y que es la que está más preparada para aprovechar el tiempo libre en otras
actividades.
En otra versión sobre el tema, se puede apreciar la opinión sobre el ocio de
Cicerón (2003) cuando al disertar acerca de la naturaleza de los dioses llega a armar
que “todas las enseñanzas losócas tienen una aplicación en la vida” (p. 64) y, luego,
alcanza a sostener la importancia del solaz para el losofar:
Por lo demás, si alguien se pregunta qué motivo nos impulsó a poner por
escrito estas cosas tan tardíamente, no hay nada que podamos revelar con tanta
facilidad. Resulta que, como languidecíamos a consecuencia de la ociosidad y
era tal la situación del Estado que su gobierno había de estar, necesariamente,
bajo el designio y cuidado de una sola persona, di en pensar, por primera vez,
que a nuestros hombres se les habría de explicar losofía, en benecio del
propio Estado, estimando que era de gran interés para la honra y alabanza de
nuestra ciudad que unos asuntos tan serios e ilustres tuvieran su lugar también
en la literatura latina. (Cicerón 2003, p. 64)
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Se puede observar en Cicerón una concepción antitética de ocio, donde se
maniestan los rasgos negativos y positivos, pero con una preeminencia de estos
últimos al asociar la actividad losóca a la ociosidad en provecho del Estado.
En resumen, sobre el enfoque positivo del concepto ocio, se puede apreciar que
Platón, Aristóteles y Cicerón tenían una gran estima hacia el ocio porque es el
punto de partida de diferentes tipos de quehaceres en el hombre, desde los más simples
hasta los más sublimes. Tal es el caso que, desde la perspectiva de estos lósofos, se
puede apreciar que el ocio es una actividad productiva y partera de las artes o técnicas,
de las ciencias y la losofía, del gobierno y la política. Señalan, en pocas palabras, que
el ocio es productivo; pero, además, es necesario satisfacer primero las necesidades
básicas dentro de un orden social determinado para poder dedicarse después a este
gran solaz, es decir, al tiempo libre para disertar libremente, para losofar, el cual es
uno de los productos del ocio.
Conclusión, reexión y posibilidad antitética del término ocio
A manera de conclusión y después de las observaciones realizadas, se puede
aseverar que existe una visión antitética del ocio o solaz, tanto en la losofía como en
las ciencias, la poesía y las artes. Este enfoque tiene implicancias en la concepción de la
sociedad y el Estado. El argumento que sostiene la tesis antitética planteada pasa por
dos apreciaciones del concepto que son totalmente opuestas y son sostenidas, desde
un frente, por Hesíodo, Séneca, Michael de Montaigne, Francis Bacon, Immanuel
Kant y Frederick W. Taylor donde se confunde o combina con la opinión común y
corriente que valoran negativamente el ocio o la actitud ociosa; mientras que, desde
el otro frente, Platón, Aristóteles y Cicerón representan una apreciación positiva
del término, la cual, por lo general, es inesperada por la opinión común. Según esta
última estimativa, se puede dilucidar que el ocio es un componente necesario para
la realización de actividades o trabajos distintos a los manuales, pero debe surgir
después que la comunidad o sociedad humana haya resuelto sus problemas de
producción que satisfagan las necesidades fundamentales de existencia y gobierno de
un Estado o, por lo menos, del grupo o comunidad, casta o clase social implicados
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directamente en hacer uso de este término tan vituperado. En casos como estos han
surgido propuestas teóricas y sociales que formulan una sociedad basada en principios
donde el asalariado tenga una vida más placentera con el mayor tiempo libre que
se pueda. Esto trae como consecuencia que, en los últimos tiempos, aparezca en
el escenario actual, tanto en las reivindicaciones sociales, políticas y económicas, la
necesidad de tener más tiempo libre, el imperativo de reducir las horas de trabajo, la
comodidad de vivir en una sociedad basada en el principio de la felicidad y el amor,
y rechazar el principio de rendimiento que agobia la vida de la mayoría de los seres
humanos, aunque exista el deber de producir para crear una sociedad que satisfaga las
necesidades de todos.
El signicado de los términos varía con los cambios de época, son equívocos,
y el término ocio no es ajeno a esta determinación. Por ejemplo, en la actual
sociedad “globalizada” ya se vislumbraba que aquella persona que no sale de su
casa o que permanezca en ella, por un sinfín de motivos, no tiene que ser calicada
necesariamente de ociosa o proclive a ella porque todos saben que existen muchas
personas que son muy productivas en casa no solamente por las tareas del hogar, sino
porque se generan ingresos necesarios para la manutención de la familia, incluso se
han hecho grandes fortunas desde el trabajo en casa o en un garaje. En ella, personas
en apariencia improductiva han resultado ser personas de mucho benecio para la
sociedad y humanidad. Otro ejemplo más se visualiza cuando, en el contexto actual de
plena pandemia producida por el Covid19, los gobiernos recomiendan a las personas
o ciudadanos responsables quedarse en casa, la respuesta es diversa, gran parte de la
población obedece, pero muchas otras no siguen las recomendaciones con aceptables
o inaceptables justicaciones. Los calicativos que se les pueden dar a unos y a otros
son diversos, pero lo anecdótico del escenario es que aparece el término ocio. Por
ejemplo, hay personas que antes no hacían nada: no trabajaban, no estudiaban, no
salían a ayudar en las compras, no ayudaban en las tareas del hogar y, en consecuencia,
eran fácilmente calicadas de vagos u ociosos; mientras, las demás eran calicadas
de buenas personas o ciudadanos. Sin embargo, en las actuales circunstancias, esto
ya no se cumple porque ahora una persona que sale a ganarse el pan con el sudor
de su frente, espalda y brazos, es decir, su cuerpo, puede ser mal vista y calicada
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negativamente por ser el eslabón de una cadena de contagio que puede poner en
peligro a toda la comunidad –¡Oh, ironía!–; por otro lado, aquella persona que no
hacía nada en su casa y, por su vida, sigue en la misma situación y no sale de su casa,
cumpliendo con las normativas del Estado de connamiento y distanciamiento social,
puede ser ahora visto como buen ciudadano y calicado como persona responsable.
Queda entonces demostrada la posibilidad antitética del término ocio en la
evolución de la palabra a través de la historia humana, con las tesis y argumentos de
ilustres pensadores, y en el contexto actual, a través de una pandemia de proporciones
inimaginables, en el análisis de especialistas y el imaginario colectivo de gente común
o sencilla. El término ocio tiene un signicado antitético, es decir, positivo y negativo,
para calicar las conductas de las personas, tanto individual como colectivamente,
uno no excluye al otro y tampoco es superior, incluso en la valoración moral o social.
Referencias
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